Allá por finales del 2022 alguno me comentó que por qué no hacía una crónica del año entero, en lugar de una por evento (no sé si con la vana esperanza de no tener que leer más de una al año) así que me he lanzado y os envío la del año 2023 recién salida del horno. La voy a titular:

2023: EL AÑO EN EL QUE ME CAMBIARON EL NOMBRE

 

Tras el parón navideño, enero comenzó con una noticia cuando menos curiosa: Marijo, en plan Olentzero tardío, nos anunció que regalaba, he dicho bien, regalaba que no vendía, ¡su guitarra! Parece ser que de la misma quinta que ella misma, solo le haría falta un cambio de cuerdas para sonar decentemente (como a mí). Tras haber indicado explícitamente que los interesados se pusieran en contacto con ella por privado, alguien preguntó, por supuesto en el chat público, interesándose por si se trataba de una guitarra eléctrica. En fin, que hoy seguimos sin saber qué fue de la famosa guitarra. Estaría bien que se diera seguimiento a este tema y se cerrara el capítulo convenientemente.

También allá por enero volvimos a intentar organizar el intercambio con el coro catalán. El entusiasmo e interés suscitado por la iniciativa en el 2022 contrastaba con la aparente imposibilidad de que coincidiéramos más de dos componentes en un mismo día en la encuesta sobre disponibilidad de fechas. Así que Iñigo y Laida decidieron cambiar de táctica y nos enviaron un mail-doodle diabólico en el que prácticamente estaban contemplados todos los viernes-sábados-domingos-lunes del 2023. Una vez accedías a la encuesta, te dabas cuenta de que Iñigo había incorporado un algoritmo mediante el cual se aseguraba de que no pudieras salir de Doodle sin haber dicho que sí a todas y cada una de las propuestas. O eso me pareció a mí.

Enero también fue el mes de los ensayos de la ópera con Opus Lírica. El primer ensayo conjunto en Zorroaga fue un poco inquietante y no solo por la hora (10:00 am.). Para empezar, los cuatro tenores de Santa Cecilia que íbamos de refuerzo, resultamos ser los únicos tenores que aparecieron por allí (luego sí vino algún rezagado). Después, tras haber estado ensayando con Laida solo el primer acto, nos anunció el director que ese día íbamos a mirar solo el segundo acto y, para acabar, tras haber decidido Laida que, para facilitar el aprendizaje, los tenores aprendiéramos en bloque la voz de tenor primero, el director decidió que la mitad hiciéramos de tenor segundo (este tema no lo hemos comentado suficientemente con Laida, por cierto). Así que nos encontramos un sábado de enero, a las 10 de la mañana, rodeados de gente que sabe de esto con ojos y oídos escrutadores, que esperaban a 40 cantantes de postín, solos, frente a una partitura que desconocíamos, y cantando una voz que hasta entonces no habíamos mirado. ¿Qué podía salir mal?

Lo bueno de ser solo cuatro en total es que si te echan se quedan sin coro, así que mal que bien salimos vivos de aquella encerrona con la reconfortante sensación de que de ahí en adelante todo tenía que ser necesariamente más fácil.

Siguiendo con la tradición, enero fue también el mes de los ensayos para Santa Agueda / Agate Deuna. También siguiendo con la tradición, descubrimos un año más un par de notas falsas en nuestra versión de las coplas. Digo yo que, a dos notas por año, debe de faltarnos poco ya para tenerla limpia del todo.

El segundo ensayo de la ópera transcurrió con más normalidad que el primero, quitando el frío polar (me pareció escuchar en el Teleberri que la mínima mundial del día la habían disputado un remoto pueblo de Siberia y el interior de la iglesia de Zorroaga). Pasamos el ensayo cantando igual de mal, pero, eso sí, más sueltos.

En sucesivos ensayos fuimos conociendo a los variopintos componentes de la tropa, cada uno con su trueno, pero gente maja, como todos los que nos dedicamos a esto.

El primer ensayo con los directores de escena fue otro hito a enmarcar en el calendario. Nos dieron una serie de explicaciones sobre la versión rompedora de la obra que íbamos a interpretar que nadie entendió (yo por lo menos no). Algo sobre el teatro dentro del teatro pero al cubo, o sea meta-meta-teatro, sobre que la obra empezaba mucho antes de que empezara la orquesta, veladas amenazas de tener que interactuar con el público, la verdadera razón de la guerra de Ucrania, la inmigración y la violencia de género, y así… De lo que sí que nos enteramos es de que íbamos a pasar más de la mitad de la obra cantando entre sentados y recostados, cual patricios romanos. O sea que años de encontrar postura, echar los hombros para atrás, apoyar bien los pies en el suelo, flexionar rodillas, concentrarse en el diafragma, llevar el aire abajo y a los costados…, tirados por tierra. Literalmente, como nosotros. La única ventaja es que así tienes una excusa para cantar peor…

Empezamos febrero con la clásica salida a lo viejo a cantar las coplas de Santa Agueda. Este año los txistularis sudaron algo más que lo habitual ya que Laida les hizo acompañarnos en un par de clásicos Hits de la coral: “Zein zera zu” y “Mendi aldera”, además de las consabidas coplas. Las desesperadas preguntas de los txistularis sobre dónde empezaban y terminaban, número de repeticiones etc., justo antes de salir a cantar, no nos tranquilizaron demasiado. Pero al final, hicieron gala de la profesionalidad y entusiasmo que les caracteriza, y lo bordaron.

Lo que resultó algo menos de lo habitual fueron las invitaciones de los bares, por decirlo finamente. Esto está decayendo en picado. Ya ni en el Danena, ni en la Viña.

Por cierto, para los que no lo vieron, había entre el público un sospechoso individuo con aún una más sospechosa visera, que resultó ser nuestro exdirector Kepa. Ya sabéis que siempre le han gustado las celebraciones populares y en particular la víspera de Santa Agueda, así que suponemos que no se pudo resistir y allá que estuvo escuchándonos.

La Viña sí que nos deparó una variación respecto a otros años, además de no invitar. Nos sorprendió con un novedoso formato de bocadillo “partido-medio-pero-entero-en-plato-pequeño”, que terminó por confundirnos del todo, de forma que algunos tomaron el doble de bocadillo del que les correspondía y otros se quedaron a dos velas. Hasta que pedimos más, claro.

Los valientes de la noche terminamos en el Etxekalte. Otro que en mi opinión ha bajado en picado. No había más que ver la fauna, y no me refiero a la pobre Telma…

Cuando todo parecía indicar que íbamos a terminar el día con una plácida despedida, nos dimos cuenta de que Félix se había apoderado de la botella de Patxaran que el camarero terminó de apurar al servir su vaso. Ante la desconcertada mirada del camarero, Félix le explicó que le valdría “como instrumento”. Esta explicación no terminó de eliminar el rictus de inquieta incredulidad y desasosiego de la cara del camarero, pero creo que por si acaso no se atrevió a preguntar más.

Para terminar el fin de semana intensivo, tuvimos sesión doble de ensayos de mañana y tarde para lo de la ópera. Para complicarlo un poco más, sin partituras. Ahí algunos tocamos fondo. Por lo menos, a medida que avanzaba el día, el director de escena nos iba subiendo la nota. Sin embargo, me pareció que, si le llegan a dejar, Alain nos la hubiera ido bajando. Parecería que hay una curiosa relación inversa entre entusiasmo interpretativo y calidad musical, por lo menos en el mundo amateur. En fin, un tema a investigar.

Cómo andaríamos que cuando a la hora de comer nos pidieron los del restaurante unas cancioncillas, al terminar de cantar nos obsequiaron con una piruleta, roja, con forma de corazón… y nos comentaron, como de pasada, que hacía poco estuvieron los del Easo, cantando muy bien. No supimos cómo tomarlo, la verdad. Yo todavía no le he dado la vuelta.

A primeros de febrero se nos ausentó durante una semana nuestra zuzendari. Pensaba yo si tendría algo que ver con nuestra actuación en Santa Agueda, pero parece que no, que fue para participar en algún evento del que con toda seguridad vendría con nuevas y originales ideas que podrían ayudar a desarrollar las grandes potencialidades de este nuestro coro. Por si alguno se pensaba relajar, Javi nos mantuvo firmes y concentrados durante este intervalo.

En el tema de la ópera, tuvimos la prueba de vestuario. Lo mejor, que se confirmó que íbamos vestidos, aunque sea de aquella manera. Porque había rumores de que en alguna ocasión fueron tan rompedores con el planteamiento que no estaba claro si iban vestidos o no. A mí en particular me amenazaron con ponerme “algo en la cabeza”, supongo que por fuera… Pasito a pasito, íbamos avanzando.

La semana del 13 de febrero fue para algunos una especie de orgía de ensayos, puestas en escena, pianos, orquestas, payasos, arlequines, maquillajes, saludos a los porteros del Kursaal, y potes en el Picachilla (o como se diga), que desembocó por fin en el estreno de la ópera el 17 de febrero.

No faltaron las anécdotas en las sucesivas representaciones: descorches que acaban de manera inverosímil con el corcho dentro de una copa al otro lado del escenario, algún conato de solo a destiempo, alguna entrada fantasma que no terminó de manifestarse, algún teléfono dicharachero sobre el escenario… en fin, lo habitual.

No está claro si alguien del público entendió algo del profundo mensaje que se pretendía trasladar, me temo que no, pero parece que en general gustó. En realidad, la obra ya es bastante complicada de por sí, con los mismos cantantes haciendo varios papeles, a veces dentro de la comedia y otras fuera como para añadir grandes complicaciones. Lo más difícil, quitarse el maquillaje para los que no estamos acostumbrad@s. Los dos días siguientes no acudí a ninguna reunión presencial en el trabajo, por si acaso.

Como siempre, quedaron algunas preguntas importantes sin responder: ¿Cuántos arlequines había? ¿Dónde estaba el otro tenor? ¿Cómo se puede cantar tumbada? ¿Para qué eran las linternas? ¿Cambiaba de lado la joroba de Tonio de una representación a otra, como la del feo de el jovencito “Frankenstein”? ¿Estaba el piano de la sesión familiar microfonado, o no? ¿Llamar a uno Tonio y al otro Canio, es despiste o mala idea?

Y la que me tiene intrigado a mí: ¿Hace falta andar así para ser arlequino?

Marzo empezó con una buena noticia: arreglado el problema de disponibilidad del único pianist@ que debe de haber en Catalunya, por fin se acordó una fecha para el concierto en Catalunya. Saldríamos el viernes 2 de junio, con concierto el sábado y vuelta el domingo.

También encontramos solución, aunque sea temporal, al tema de la disponibilidad de los baños del local. Parece un tema menor, pero ¡vaya quebraderos de cabeza da a los servicios de mantenimiento del coro!

La primera parte del mes transcurrió entre ensayos de preparación de Musikaste 2023. Nos lo tomamos con la seriedad que supone el saber que una parte la iba a dirigir Laida. ¡Había que darlo todo!

Fue también en marzo cuando descubrimos que nuestra directora compone. De paso, algunos aprendimos lo que significa “limurtuta” (¡Hala!, todos a mirar al diccionario…).

Continuamos durante el mes de abril con los ensayos para Musikaste sin grandes novedades excepto la presencia, breve pero intensa, de un súbdito de su graciosa majestad: el señor o, mejor dicho, Mister, Michael. No sabemos muy bien para qué vino, la verdad, pero se hizo notar en el breve intervalo de tiempo que estuvo con nosotros. Un ensayo y medio, creo… Su canto peculiar me recordó al de estas tribus asiáticas que cantan simultáneamente la misma melodía en distintas octavas, destacando sobremanera en este caso, la octava baja. En fin, se ve que no estábamos para experimentos étnicos, y me da que el órgano competente no puso demasiadas pegas cuando, en una clara demostración de inteligencia emocional, el susodicho Michael comunicó que no veía clara su continuidad ya que le parecía haber subestimado el esfuerzo que requiere nuestra actividad coral. En cierto modo es una pena. Prometía. Seguro que habría dado grandes páginas en esta crónica.

En mayo tuvimos varios ensayos conjuntos con AMA para preparar las actuaciones del Musikaste, liderados por Andoni, Laida y el maestro Ocón, cada uno con su estilo. Nada extraordinario a reseñar salvo la satisfacción que produce ver que ahí donde algunos solo notamos “que suena raro”, hay gente infinitamente más capacitada que descubre, y comparte con evidentes muestras de desasosiego, que “por aquí se están cantando tres voces donde la partitura solo pide dos”.

Así llegamos a las dos sesiones de Musikaste 2023, la del viernes 26 acompañados al piano por Andoni y dirigidos por Laida y la del sábado 27 con la OSE y dirigidos por el maestro Ocón.

En la sesión dedicada a agrupaciones corales nos sorprendió gratamente el coro que actuó en primer lugar. A pesar de ir disfrazados, y con faldas y a lo loco, identificamos entre los coralistas a varios semiprofesionales. Lo que explicaría en parte lo bien que sonaban. Solo espero que no cunda el ejemplo de lo de las faldas.

Otras agrupaciones también nos sorprendieron.

En cuanto a nuestra actuación, la acometimos con el entusiasmo que nos caracteriza. Estrenamos a nivel mundial la composición “urretxindorbanintznisaltokaemekiii-batetikanbesterapolikipolikiii” y conseguimos terminar la actuación sin grandes sobresaltos, excepto quizás, el conato de entrada tipo Penderecki de Andoni al piano en el último número, cuya finalidad se nos escapa.

El día de la orquesta también transcurrió sin sobresaltos, a pesar de que el mucho tiempo que tuvimos entre el ensayo y la actuación dejó demasiado espacio para la socialización entre cañas y chupitos. Creo que no se notó. Alguno echó en falta una versión “más viril” del “Gernikako Arbola” (para gustos los colores y la música) y a casi todos nos pareció un poco escasa la instrumentación para tanto coro…

La semana del concierto de Catalunya sirvió también para descubrir que tenemos en el coro gente polifacética: unos tocan instrumentos, otros poseen dotes teatrales que les permiten actuar sin apenas ensayar, algunos organizan traslados de carpetas de un lado a otro sin pestañear, y los hay que te transportan armonios al garbigune más cercano en un pis-pas.

El viaje a Catalunya ya fue debidamente descrito en la correspondiente crónica.

Solo comentar que, tal y como apuntó un atento miembro del coro que, a pesar de ir camuflado con aire de despistado tras una cámara de fotos, demostró que está al tanto de todos los detalles, en la crónica faltaba una mención a “La tasca de la Vasca”. A pesar del nombre, resultó ser un lugar simpático con gente a la que emocionamos con nuestros cánticos populares. El mundo es un pañuelo: ¡resulta que la dueña del local era pariente lejana del txistulari-consorte!

A mí todavía me vienen recuerdos de maniobras de autobús, hoteles recoletos con gente de postín, Cocosmolones, Jordis, butifarras, farras de las otras, limbos, lunchs interminables, ojeras, películas de bus y Alfajarines. En fin, otro éxito del coralismo vasco, esta vez más allá de nuestras fronteras.

Sin solución de continuidad, en junio nos metimos de cabeza con los ensayos de la Misa de la Coronación de Mozart. Tuvimos que ensayar en el local de AMA debido a las obras de nuestro local. Por aquello de que se nos inundó. Eskerrikasko AMA, por cierto.

En el primer ensayo de hombres se notó que veníamos de lo de Catalunya. No sé si entre todos dimos dos notas seguidas bien.

El primer ensayo de tenores con AMA sin embargo fue bastante bien. Entre que unos se la sabían, y otros nos callamos discretamente, ni tan mal.

De todas formas, debíamos de estar haciéndolo mejor de lo que pensábamos porque en el primer ensayo con todas las voces ventilamos el asunto en 20 minutos escasos. 30 minutos para ir y 30 para volver, no sé si el ratio “tiempo de ensayo/tiempo total” compensó.

También en junio tuvimos el homenaje a Pedro en el parque de Cristina-Enea. Allí fuimos desgranando actuaciones entre emotivos audiovisuales. Contamos con guitarrista invitada, sentidos discursos (algunos inaudibles, por desgracia), percusión étnica, intervenciones de viento-metal (estos sí, audibles) y más cánticos populares también con artistas invitados. Como dirían dos de las chicas del coro: quedó “txukuna”.

La reunión de la junta que mantuvimos en junio tuvo la particularidad de que se celebró en un local muy apropiado, por cortesía de Javi. No me acuerdo muy bien de qué hablamos ni qué decidimos, pero sí que me acuerdo de las guindillas, el toque churruscado de la empanada y la tarta de queso y la cazuela de pescado digna de Argiñano que fueron pasando por la mesa.

De la bebida no hablamos.

Empezamos julio con el concierto de la Misa de la Coronación de Mozart en Dax. La verdad es que el fin de semana da para una crónica propia, pero por aquello de no empachar comentaremos solo lo más relevante. Los momentos de alegre confusión sobre si íbamos, veníamos, entrábamos o salíamos nos pillaron por suerte bien entrenados en estas cosas a los de Santa Cecilia. El Maestro Vincent, de lo más simpático y cercano que hemos encontrado en nuestra dilatada carrera musical. Aunque cuando había que ponerse serio, ponía caras de asustar (a la orquesta, por fortuna). Por suerte, no apareció a dirigir vestido con el peto-vaquero que lucía orgulloso en alguna foto de la víspera, que, tal y como comentó Andoni, cantar Mozart en un polideportivo es ya de por sí suficientemente inquietante. Contamos con la participación de una orquesta que, desde mi ignorancia, sonaba muy bien. Igual es porque me había hecho otra idea. Contamos también con la inestimable ayuda del coro local. Los tenores tuvimos la suerte de que se iban turnando para darnos la nota en las entradas; bueno, una nota. Eso sí, con un par de compases de antelación, donde los silencios, para que se oyeran con claridad.

Entre eso y el tarareo indisimulado del Maestro Vincent, no podíamos fallar.

Puestos a dar facilidades, la verdad es que se podían haber estirado y dar al coro la primera nota de cada voz antes de empezar el concierto, o por lo menos un acorde, pero en fin, todo no puede ser. Así que en el ensayo general entramos todos a una, coro y orquesta, con más entusiasmo que acierto. Visto el resultado, ya para la actuación dispusieron un austero teclado eléctrico con el que nos dieron las notas. Por qué nos las dieron antes de que afinara la orquesta, con lo que ya las habíamos perdido para cuando íbamos a empezar a cantar, se me escapa. Por qué con toda una orquesta presente hacía falta un teclado eléctrico de dudosa estética y desagradable timbre, también. Total, que entramos como en la víspera. Los tenores con un “Sol” con todos sus armónicos bien presentes. Incluso más presentes que el mismo “Sol”, diría yo.

El ensayo general del sábado muy emotivo. Con público handicapé, y ayudantes, cuidadores y familiares que se merecen, desde luego, lo que pudimos ofrecerles y mucho más.

El concierto en sí fue con el polideportivo a rebosar de público que, a tenor de los aplausos, disfrutó con la velada. Acabamos con un sentido “Va Pensiero” que siempre es garantía de éxito. Por cierto, estuvimos mirando qué significa la letra para saber qué es lo que cantamos con tanta emoción y entusiasmo, pero entendimos menos la traducción que la versión original en italiano.

La crónica de la parte social de los que nos quedamos a pasar la noche en Dax, es un variopinto mosaico de foie-grasse, vino, cerveza, termas, paraguas, vino, hamburguesas, cervezas, fuentes de agua caliente, canard, madeleines, paseos, vino, siestas en plan vagabundo, cervezas, más paseos, carteles de coros, inesperadas loas a la Guardia Civil por parte de algún local, vino, cerveza, quesos, confituras de cerezas, vino… En fin, lo típico de un finde en Francia.

Fue ahí donde una amable recepcionista de hotel de origen melanesio, o así, se empeñó en cambiarme el apellido. No hubo forma, y tras varios intentos y viendo que se nos hacía tarde, me tuve que inscribir como Monsieur Percival. Según algunos, suena a caballo. A mí me suena más a caballero de la tabla redonda.

Y entramos ya a lo tonto a lo tonto en julio. La cita musical del mes fue en Carmelitas para el Triduo. Sin mucho tiempo para ensayar grandes novedades y tirando de repertorio, dimos un sentido concierto ante un público más numeroso del esperado, por lo menos por mí. Porque entre la hora y la calorina, nada hacía presagiar las cerca de 80 personas que asistieron al concierto. Entre familiares, amigos, algún Andramarino solidario (aupa Andra Mari) y varios que por las caras apostaría que ni se enteraron de que la misa había acabado, aforo más que decente.

Dirigidos por Javi, fuimos desgranando viejos éxitos del coro aderezados con alguna novedad reciente. En la parte de la misa contamos con la inestimable colaboración de Harkaitz Mendoza al órgano. Nos dio ese plus de seguridad que nunca nos sobra. Eskerrikasko Harkaitz!

La discreta salida por un lateral de Mikel y un servidor con banqueta y guitarra, elegantemente vestidos de negro, para haberlo grabado. Pareceríamos mismamente el Camarón y el Paco de Lucía. Salvando las distancias, claro. Por cierto, Mikel demostró que una sola persona, sin necesidad de marcas de esparadrapo en el suelo, ni estériles peleas con otros instrumentistas, es capaz de poner una banqueta en su sitio en un tiempo razonable. Compensó de alguna manera su recordada entrada en el concierto de txistus del año pasado, que todavía trae cola.

Tras el éxito cosechado en Carmelitas, lejos de relajarnos hasta las celebraciones del 31 de agosto, mantuvimos la intensidad de los ensayos preparando con Javi no solo el, en teoría, conocido repertorio de la celebración (o conmemoración, no sé), sino que, entre escenas horrorosas, gureDonostis, bayonetas, el tradicional intento de limpiar zirikibirikis de los hombres, etc… se nos coló como salido de la nada el Agnus Dei de la “Little Jazz Mass”. Que en algún momento sonó más a “Little Jazz Mess”. O no tan “Little”.

En fin, la cosa es que así llegamos alegres y combativos hasta el último ensayo del día 20 antes de las merecidas vacaciones. Con la consabida visita al bar Kupela, dimos por finiquitado el curso escolar. Bueno, algunos siguieron finiquitando de bar en bar, pero esa es otra historia.

Agosto pasó, como siempre, demasiado rápido. Y para cuando nos dimos cuenta, sin poder digerir el caso Rubiales, el flojo comienzo de la Real y, entre amenazas de inminente crisis China, nos vimos en el local para el ensayo de las obras de la conmemoración del 31 de agosto.

Supongo que para no relajarnos demasiado pensando que tenemos dominadas ya las obras tradicionales, nos encontramos con una entretenida serie de instrucciones titulada “Donostiyako Martxaren pronuntziatziyuba, J. I. Ansorena Jaunak (*) (eta Andreak) proposatuba”

(*) “J” gaztelerazko “jamón”-en bezala ahoskatuba.

El ensayo conjunto al día siguiente en San Vicente sirvió para constatar una vez más la incompatibilidad del sonido del txistu con la acústica de las iglesias. Por lo menos no vinieron las trompetas. Resultó chocante que tardáramos más en organizar la disposición sobre el escenario que en ensayar las canciones. Igual porque las indicaciones eran complicadas, tipo: “todos los hombres en una fila”. Santa Cecilia ganó por goleada en puntualidad.

El día 31, tras las pertinentes pruebas de sonido, a las que no todo el mundo asistió (ejem…), y el consabido poteo previo, cantamos con la sensibilidad que nos caracteriza las dos canciones en “Kañoyetan”. Los típicos nervios y empujones nos llevaron hasta el lugar donde nos deleitaron los de Gaztelupe un año más con su novedoso repertorio, y ya todos en comandita nos subimos al escenario de Santa María. Allí fuimos desgranando las obras habituales con más o menos arte: las típicas dudas en las repeticiones de siempre, los líos del jaunak vs. andreak en el “Agur Jaunak” (eta andreak) y el variopinto “zirikibiriki” (este año agravado por la existencia de dos partituras con versiones distintas de la obra entre los coralistas). Pero el público no se da cuenta de estos detalles y aplaudió entusiasmado la actuación. Creo que, por primera vez, pedían “beste bat” y todo.

Como de costumbre, nos fuimos a la Viña a celebrar (o conmemorar, no sé…) nuestra actuación. La cosa es que nos fuimos animando y, además del típico “Zorionak zuri” a Mikelelmajo, cantamos alguna otra cosa ante el espontáneo público que se iba congregando a nuestro alrededor. De los más animados entre el público resultaron ser unos que daban rienda suelta a su entusiasmo desde el balcón de nuestro antiguo local. Y, cómo no, allí fue nuestra presi a entablar conversación con aquella gente. Resultó que eran extranjeros, australianos para más señas. Como se trataba de hablar de cosas serias, echamos mano de nuestra intérprete oficial, Itziar, para que les explicara que estaban en el balcón de lo que fue nuestra sede durante tantos años. No sé si porque les hizo ilusión, porque no entendían nada de lo que decíamos, o porque llevaban unos cuantos vinos, la cosa es que nos invitaron a subir. Y allí subimos. Tras una detallada revisión del estado del reformado local, con discusiones sobre si la cocina estaba aquí o eso era el baño, etc…, no tuvimos más remedio que salir a cantar al balcón. Resulta que el que llevaba la voz cantante del grupo (en todos los sentidos), además de ser australiano, cantaba en un coro. Por cierto, me preguntó a ver si no conocíamos ninguna canción australiana. Le dije que me parecía que no. Un tema a considerar.

A falta de folclore australiano, cantamos las de toda la vida, con gran éxito de público, que parecía no entender muy bien qué hacíamos a esas horas cantando en estéreo desde el balcón y desde la calle (es que no entrábamos todos en el balcón). En fin, hay fotos y vídeo.

Y fue en ese contexto donde el de la voz cantante se empeñó en cambiarme el nombre. Me han llamado de todo: Antton, Antxon, Antón, Antonio, Tony, Tonio, Andoni, Sancho…. Pero nunca me habían llamado “Antrim”. Suena a Elfo. Pues nada, let it be: Antrim de Percival.

Para el futuro queda la posibilidad de explorar un intercambio con coro australiano. Yo, por si acaso, iría metiendo ya alguna canción de por allí en el repertorio. Que nunca se sabe, y luego nos pasa como con el himno de la Senyera, que nos pilla a contrapié.

A primeros de septiembre todo hacía presagiar un plácido comienzo de curso para preparar el concierto de Txistus (ya sé que es el de Santa Cecilia, pero para mí, siempre será el de “txistus”) y alguna cosilla navideña mientras seguíamos peleando con la misa jazz. Pero nos contactaron los compañeros de AMA que, con el tiempo justo, nos preguntaron sobre la posibilidad de cantar con ellos la Misa Nelson, Concierto DV, y Concierto en Burlada. Y también nos invitaron los de la residencia de San José de la Montaña (señal de que el año pasado gustó nuestra actuación). Total, que una vez más, ¡sin poder dar abasto! Menos mal que nos gusta esto de cantar y se gana bien…

Al entrar en octubre, y por esto de dar un poco de emoción supongo, nos lanzamos a otra misión imposible: limpiar la partitura del Sorgin-dantza de Mocoroa. Hablando de limpiar: ¡qué poco se habla de la abnegada labor de estos miembros anónimos del coro que en sus horas libres (algunos tienen muchas, es verdad), en lugar de estar tumbados a la bartola, dedican tiempo y esfuerzo para pasar partituras a limpio, grabar midis, mp3-s, por voces… haciéndonos la vida más fácil al resto. Eskerrikasko!
Gracias a esta limpieza de la partitura, la versión batiburrillo de cagaditas de mosca ebria aderezada con letra de médico con parkinson terminal ya es historia. Lo malo es que una vez desbrozado el bosque, se ve con claridad qué es lo que hay que cantar. Yo, por ejemplo, he descubierto más de una nota que resulta que cantaba bien…

Acercándonos ya hacia fin de año, parece que lo íbamos a terminar tal y como lo empezamos: con una nueva encuesta para el concierto de vuelta con los de Catalunya. Se ve que algo aprendimos durante el año, ya que la fecha quedó fijada al primer intento.

A primeros de noviembre algunos tuvimos la suerte de cantar la misa Nelson con AMA en Errenteria. Éxito de crítica y público. Es que ¡no hay nada como saberse una obra para disfrutarla! Lo más gratificante, ver la cantidad de gente joven que formaba parte de la orquesta. Ya podía ser lo mismo para el tema coral…

En lo que se refiere a la preparación del concierto de Txistus, y animados seguramente por el éxito del año pasado en lo de la colocación del coro, empezamos a probar un sin-fin de variantes: tenores mezclados con sopranos, todos en dos filas con los tenores al lado de los bajos, algunas con “mujeresdelante-hombresdetrás” y “hombresdetrás-mujeresdelante” cuya diferencia sigo sin ver clara, la verdad, hombres en el centro y mujeres a los lados… En fin, conocida nuestra habilidad natural para estas cosas, la transición entre todas estas disposiciones en directo prometía. Mikel amenazó al jefe de cuerda con darse de baja.

También para lo de los txistus Laida pidió voluntarios para cantar “Aunitz urtez” sin partitura. Yo, animado por el entusiasmo de algún tenor, me apunté en un alarde de proactividad tan precipitada como inconsciente (total, pensé, para el caso que le hago a la partitura) pero en seguida me arrepentí, porque el asunto es que no se sabía muy bien para qué teníamos que cantar algunos sin partitura. El hecho de que la canción vaya sobre la Mutil-dantza no hacía presagiar nada bueno… Entre eso y que en una de las múltiples disposiciones podía tocarme cantar al lado de alguien del público, me pasé dos semanas sin dormir. “Seguro que me toca la señora del año pasado”, pensé. La que me miraba mal en el “Evening rise” por cantar raro y a destiempo.

La semana siguiente fue la del colapso de Wapp a nivel mundial. Parece ser que no está dimensionado para procesar en tiempo real la avalancha de indicaciones que nos fue pasando Laida para el concierto de txistus. La cosa es que se fueron despejando las dudas sobre el papel de los sinpapeles en el “Aunitz urtez”. Se trataba de desarrollar en la parte de los txalos una fina coreografía mezcla de ballet contemporáneo y pasos tipo Chiquito de la Calzada en horas bajas. En cuanto al resultado, habría que preguntárselo al que consideró poco viril la versión del Gernikako Arbola del Musikaste.

El ensayo previo con nuestros compañeros txistularis discurrió por los derroteros habituales en cuanto a calidad musical, empaste coro-banda, etc… Eso sí, fuimos más preparados de lo que algún agorero predijo y no hubo que lamentar incidentes tipo caídas, choques o atropellos en las múltiples transiciones entre disposiciones del coro.

Los típicos titubeos en entradas con los txistus, los solos excesivamente presentes de marimbas, el consabido “no se oye al coro” que surge cada vez que cantamos con algún instrumento, aunque se trate de un solo flautín… Creo que alguno llegó a echar de menos a Piter a la hora de poner orden en la parte contraria, pero bastante teníamos con lo nuestro.

Resultaron infructuosas las negociaciones para dejar a un lado la segunda letra del Mendigoizaleak y para más inri, supongo que motivado por lo bien que sonó dicha segunda letra, muestra palpable de nuestra facilidad para aprender letras, en la siguiente canción, por aquello de que “no se oía al coro”, nos pidió el txistulari-concertino que nos aprendiéramos todos la letra del “Xamurra” para cantarla al unísono. Esto fue unos 7 segundos después de que Iñigo me comentara aquello de “por lo menos en esta canción los tenores no tenemos problemas con la letra (“uh”, “ah”, “mmm-sin apretar labios”…). Un visionario este Iñigo.

La parte del ensayo a capella fue más tranquila y las cosas fueron fluyendo con más naturalidad, excepto quizás la improvisación jazzística de las altos en la entrada del “Aldapeko…”. Yo me di por satisfecho con no haber entrado como una soprano más, como en el ensayo anterior…

El día del evento ha sido convenientemente descrito en la correspondiente crónica, así que no me voy a repetir.

El parte de guerra posterior reflejó algún damnificado que no pudo incorporarse a la actividad coral en los días siguientes. Como no hay mal que por bien no venga, algunos nos sentimos aliviados al saber que íbamos a tener que acudir al siguiente ensayo de lo de Burlada con AMA con mascarilla. Así se notaría menos…

También durante noviembre Marijo pareció dispuesta a terminar el año tal y como lo empezó: regalando cosas on-line. Esta vez anunció que regalaba, he dicho bien regalaba que no vendía, ¡una agenda! Ésta, parece que por fortuna algo más actual que la guitarra de primeros de año.

El 19 de noviembre cantamos con AMA en Burlada. Nada extraordinario a reseñar sobre la actuación ante un público quizás un poco escaso pero entregado, salvo las consabidas discusiones previas sobre piano aquí, o piano allá y focos arriba, o focos abajo (asentar esto último llevó algo más de tiempo del previsto. De hecho, durante un momento temí que la actuación fuera a parecer más una discoteca tipo fiebre del sábado noche que otra cosa). El viaje de vuelta en bus nos volvió a confirmar que nuestros compañeros de AMA suelen ir más preparados que nosotros en temas de logística alimentaria. Fue empezar a sacar bocatas y bebidas y no parar hasta Bugati. Por lo demás, el viaje discurrió sin sobresaltos entre típicas discusiones culinarias sobre tortilla de patata con o sin cebolla, la herejía de añadir piña a la pizza, que si el agua para las ranas, etc…

Al llegar a Donostia los más intrépidos de entre nosotros, y motivados sin duda por la orgía de bocatas del bus, se dieron a la tarea de encontrar algo abierto donde poder cenar. Tras intentarlo sin éxito en el Hotel Amara Plaza y el Astoria, el “vamos a probar que creo que hay un chino, o así, entre Balleneros e Isabel II” no terminó de animar a un servidor, así que no puedo contaros qué pasó después.

El final de noviembre y el mes de diciembre se presentaban intensos en cuanto a ensayos ya que se confirmaron dos eventos más: el de cantar en la “Gabonetako azoka” y participar en el homenaje a Aitor Zabaleta en el partido de la Real contra el Betis. Los dos el mismo día 20 ¡Es que le damos a todo!

En el primer ensayo de solo-hombres en AMA, alguien comentó, con acierto visto lo visto, que el riesgo en dos de las canciones del concierto DV, “Un beso y una flor” y “Libre”, iba a ser conseguir no entrar en modo Karaoke… En los siguientes ensayos fuimos pillándole el tranquillo a las canciones mientras intentábamos digerir la cambiante información sobre qué coro/voz cantaba qué y cuándo.

Y así llegamos al día 20 para cantar en la Gabonetako azoka el variado repertorio que habíamos preparado para la ocasión. El entorno-escenario-hora… un poco raro, pero la gente quedó contenta. El sol de invierno de frente no ayudaba demasiado, pero tampoco era cuestión de ponerse las gafas de sol. Eso sí, la audiencia bajo bastante en el segundo pase. Un poco raro también esto de los dos pases.

Sin solución de continuidad, nos fuimos disparados al restaurante donde comimos a la carrera los kruntxi-pollos y las cochinillas al pil-pil, o algo así, acompañados de bebidas de nombres más reconocibles. Y nos fuimos directos a cantar en el homenaje a Aitor Zabaleta. Nos quedamos con la satisfacción de haber superado con creces al mismísimo Fermín Muguruza, que acababa de intervenir, en cuanto a reacción del público se refiere. ¡Quién nos lo iba a decir! Fue ponernos a cantar el “Xoria-Xori”, y empezar la gente a acompañarnos con las bufandas en alto. Queda para el futuro la posibilidad de incorporar el sutil “eta nik” en forte y articulado de la versión popular.

Tras las actuaciones de las dos cantantes en el estrado y de Izaro en el campo, Mikel, al que no se le escapa una, me comentó que para otra vez vaya ensayando lo de tocar la guitarra de pie, que está demostrado que es posible y así no doy la caca con lo de la colocación de taburetes y banquetas.

El empate nos supo a poco.

El ensayo del lunes siguiente con la orquesta y el director Ocón, para enmarcar. Resulta que el “Here We Come”, que yo había imaginado como una relajada procesión de cantantes tipo gnomos y elfos por los bosquecillos susurrando cancioncillas, era en realidad una especie de salvaje carrera de los miembros de la comunidad del anillo por los bosques de Fangorn perseguidos por Orcos sanguinarios. Un desastre, vamos.

Cuando el maestro Ocón dijo aquello de que “esto necesita de otro tipo de ensayo, no con orquesta, y eso lo haremos mañana con piano”, pensé que, efectivamente era así. De hecho, ese día era originalmente para el ensayo con el piano para ir aclarando esas cuestiones. Pero los señores de la orquesta estaban de huelga el martes, de ahí que trastocáramos el orden. Estuve por comentarlo y decir que, casualidad, el martes iba a estar yo de huelga, pero no me parecieron ni el momento ni el lugar adecuados.

Del “txurrunplinpun” prefiero no hablar. Me recordó esa escena de una peli de superhéroes donde Supermán y Flash se lanzan a una carrera a ver quién es más rápido. Apostaría a que ni ellos….

Por lo menos empezamos a aclarar qué y donde cantamos en el “Oi ama Euskalherri” y el “Adeste Fideles”. Un bagaje un poco pobre para un ensayo con orquesta, pero es lo que hay.

El ensayo del día siguiente fue con el artista invitado, Serafín Zubiri, que dio la nota de humor al comentar que se sabía las canciones y que las podría cantar con los ojos cerrados. Aunque aquello de “vengo de pasar una gripe A de caballo” al final del “Libre”, me sonó a excusita… total, para un sí, bemol encima…

La sorpresa fue que se presentaron la mayoría de los componentes de la orquesta que estaba de huelga. En fin, lo cierto es que retomaron la huelga al terminar Serafín (me ha salido un pareado). Para solucionarlo, supongo, y en un alarde de medios, trajeron otro piano de cola con maestro incorporado. Y allí estuvimos, con dos pianos y tres maestros en el escenario.
Los repasos previos en modo obstinato del “Oi ama Euskalherri” y “Here we come” dieron sus frutos y salió bastante más decente que en la víspera. En vista del éxito, el maestro Ocón se animó a pedirnos un saludo con brazos en alto y un exclamado “Gabonak!” al finalizar dos de las canciones (no me preguntéis en cuales, que a la hora de escribir esto todavía no lo tengo claro, y no debía ser el único, visto lo visto). No nos conoce…

Cómo iríamos de confiados que en el “txirrinplanplun” nos tuvo que bajar el tempo… Y así, con todo claro, excepto algún detalle sobre dónde y cuándo y para qué quedábamos para el día siguiente, nos dimos por suficientemente preparados.

El día del concierto fuimos apareciendo cada uno, según su disponibilidad, al ensayo previo, al poteo previo, al speech motivacional, etc… El auditorio del Kursaal estaba lleno a rebosar, y allí fuimos desgranando nuestra actuación, intercalada con números de solo orquesta ante el entusiasmo del público. Hubo sus cositas pero en general debió de salir bien, o por lo menos al público le gustó. Sobrevivimos dignamente al “Here we come”, lo petamos en el Hallelujah de Haendel y el “Va Pensiero” (aunque seguimos sin saber lo que decimos), y sobrevivimos también, aunque no sé si tan dignamente, al “Gabon Gauean” (hubiera ayudado una indicación un poco más clara en el momento preciso para ponernos de pie. Para cuando se me encendió la tablet estábamos ya en el segundo “txirrinplinplun”). Tal y como nos temíamos, nos contagiamos con el público en el “Libre” y casi terminamos en modo Karaoke, con acelerando y todo. Solamente los gestos desesperados del maestro Ocón nos hicieron volver a la realidad antes de que fuera demasiado tarde.

Y también tal y como nos temíamos, alguno se hizo un lío con la exclamación “Gabonak” y el levantar el brazo, y lo hizo todo a la vez. Quedaría curioso para el público, supongo, en plan “ y a este qué le pasa”.

En fin, a mí me gustó particularmente la pieza de “Fairytale of New York” al piano. No sé si por la pieza en sí, el hecho de que el autor Shane Mc Gowan acabara de fallecer, la calidad de la interpretación, el contraste con el “txarranpilplún”, el efecto Navidad, o un poco de todo.

Queda para la memoria el elegante efecto nieve a base de confetis que creo que sorprendió a todos, incluido, por los gestos y el soplarse el flequillo, al maestro Ocón, al pobre Serafín, al que espero que le hubieran avisado de antemano, y al del violoncello solista. Creo que se va a pasar una temporada sacando confetis del instrumento. Recuerdo que yo estuve años con confetis dentro de la guitarra tras una recordada intervención de un tío mío en unas navidades. Otro comentó que no terminó nunca de deshacerse de restos de confetis en su casa, tras otra recordada intervención de algún allegado (there is always that guy, you know…), y tuvo que venderla con confetis y todo. Deberían regular el uso de este tipo de complementos. A la larga son más peligrosos que los petardos, por ejemplo. Tengo que mirar en internet a ver si existe la “confetifobia”.

Gracias al espíritu previsor de algunos y algunas, teníamos todo preparado para cenar en la sociedad Gimnástica Ulia (ahora me acuerdo de dónde hicimos la junta en verano…). Las fotos del evento dejan claro quiénes trabajaron a destajo en la cocina mientras resolvían simultáneamente complicados problemas de distribución de raciones de ensaladilla y sacando y metiendo pollos en el horno y quiénes se dedicaban a otras cosas.

Afortunadamente contamos con la participación de gente externa al coro, parejas y demás, que aportaron un poco de sensatez al evento gastronómico.

Durante la cena alguno adelantó, con un léxico menos florido (va a ser la palabra del año) y más austero, pero igualmente entendible, la opinión de Andoni sobre el acierto de mezclar tantos elementos y tan distintos en una misma actuación: es que… Halellujah, Gabon Gauean, Scott Joplin…todo junto…brrrr…nein, nein, nein…

Tras una media hora de tensa espera para que se terminaran de calentar, disfrutamos del postre tipo trenzas, aunque los tuvimos que comer igual de fríos que si hubieran estado a la intemperie. Hay que investigar qué ocurrió, para la siguiente junta, digo.

Y así, a una hora más o menos prudente, no como otros, un servidor se retiró discretamente mientras seguían la juerga y el jolgorio en alegre camaradería.

Y a lo tonto a lo tonto llegamos al último ensayo del año. Quedó claro que la densidad esperada de audífonos por metro cuadrado no iba a quitar un ápice de seriedad al ensayo y hasta la última nota estuvimos atentos y proactivos, como no podía ser de otra forma.

Al igual que el año pasado, el Olentzero musical nos obsequió con unos regalos en forma de mensajes personalizados que cada uno valorará en su justa medida. Este año, eso sí, Olentzero vino algo más preparado que el año pasado, y no tuvimos que esperar con su puntito de angustia a que terminara de redactar los mensajes en el reservado.

Para finalizar el año como debe ser, nos fuimos al Kupela a alegrar (espero) el poteo de los incondicionales del bar. Echamos en falta al jefe de la barraca, que seguro que nos hubiera deleitado con esos chistes que nadie entiende, y sobre todo, se habría estirado algo más con el jamón. De todas formas, cantamos con sentimiento los típicos éxitos de la coral entre caña y caña, o similares.

Y así nos plantamos el día 28 de diciembre en nuestra última actuación del año en la residencia de San José de la Montaña. Público entregado como siempre. Aunque no sé si por la hora, o por el cansancio acumulado a lo largo del año y, sobre todo, del mes de diciembre, hicimos un par de entradas, que, menos mal a los audiófonos sin pilas… Tuvimos que improvisar un bis a base de Euskalherriko, que ,como es movido, gustó también.

A continuación, y para finalizar el año musical, nos fuimos bajo la dirección de Javi en alegre kalejira de bar en bar, hacia la parte vieja. En el camino, reclutamos dos posibles incorporaciones que deleitados con nuestro canto comentaron que igual se animaban. A ver …

Pasamos por el atrio de Santa María y otros lugares emblemáticos hasta desembocar, cómo no, en la Viña. Allí dimos el resto. Por cierto, sigue sin solucionarse el misterio de los bocatas enteros-pero-medio-partidos en plato pequeño que tanto nos despistó en Santa Agueda. Esta vez sacaron algo de porte más standard, pero hasta que no terminaron de sacar todos los bocatas no supimos muy bien a cuánto nos tocaba. En fin, queda como tarea para el año que viene terminar de aclarar el misterio.

Y así, entre sentidas despedidas, finalizamos el año 2023. Un año más, ¡un placer compartir estos momentos con vosotros! ¡A por el 2024!

 

In memoriam, Pedro Egizabal

Dic-23,

Antrim de Percival